écrit par Baptiste Le Bras

LA QUÊTE DE VISION

rituel de transformation

Cuando en el ser surgen inquietudes mayores y se pregunta ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿A dónde voy?, ¿Dónde estoy?, ¿Por qué estoy aquí?; para que encuentre su destino, su misión, tenemos una ceremonia que se llama “la búsqueda de la visión”. Es decir, es buscar la respuesta a todas sus preguntas. Por medio del ayuno, del agotamiento físico provocado, alcanza un estado de conciencia especial, en un lugar solitario, con el frío de la noche, con el calor del día, con la inclemencia del tiempo, desnudo…

Cuando encuentra, aunque sea parcialmente una respuesta a sus dudas, clarifica su existencia, se limpia de todo aquello que le causa desacierto, se supera.

Para adquirir fuerza, antes de salir en busca de su visión, entra a un temazcal acompañado de su familia y de sus amigos más íntimos. Participa en una ceremonia a la que lleva los símbolos sagrados que ganó en el transcurso de su vida; quizás plumas de águila que obtuvo por saber manejar las fuerzas del temazcal, o por haber salvado la vida de alguien en un acto heroico. Si se dedicó a las bellas artes, si creó una obra excepcional, merecerá una pluma de quetzal; si ha hecho un acto en beneficio del pueblo será gratificado con otra. El buscador acumula estos símbolos y hace con ellos un pequeño altar en su hogar.

Sale del temazcal descalzo, desnudo y se le entrega una cobija. Lleva una pipa, si no la ha obtenido todavía, lleva un tabaco. Camina hacia el lugar donde buscará su visión, un lugar previamente localizado. Se le acompaña, se cubren las cuatro esquinas del lugar con plantas, se le rodea con tabaco, con medicina y los colores sagrados: rojo, blanco, amarillo y negro. El lugar ocupa un terreno no mayor al de una fosa de panteón. En ese espacio tiene que permanecer cuatro días y cuatro noches sin tomar agua, sin comer, en perfecta comunión con las fuerzas de la naturaleza, no tendrá contacto con nadie.

Estará solo(a) con las cosas que le rodean, el viento, el sol, la lluvia, y quizá, la nieve. Debe soportar la soledad, el miedo a los fríos de la noche, al aislamiento terrible, el no salirse de los límites de su pequeño terreno. En estas circunstancias, le llega su visión. A cada quien le llega de una manera distinta.

He visto a muchos buscadores acabar famélicos, en cuclillas, a cuatro pies, viendo para todos lados con los ojos flameantes, el cuerpo lleno de llagas, de ámpulas, los labios partidos. Como si sus cuerpos hubieran sido rociados con agua hirviendo. Ven para todos lados, con los ojos encendidos, con la pupila fija, ven sin ver cada objeto con detenimiento, al detalle. Sus escasos movimientos son pausados, lentos. Al cabo de cuatro días, cuando se les interrumpe, a veces escuchan, otras se les hablan y no oyen. “Hey, se acabo tu tiempo, vuelve, regresa, aquí estas, aquí estamos”. Empieza entonces a oír, a ver. Una vez que vuelve en sí, nadie debe hablar con él. Tiene que llegar por el mismo hasta el lugar donde está el temazcal. Muchas veces su familia y sus amigos están a la orilla del camino, el se va arrastrando, no puede ponerse en pie, ellos lo animan, hasta llegar al temazcal, el cual comparte con todos. Entre los humos del vapor empieza a hablar, a veces llora. “Hablé con la serpiente, yo se que fue el espíritu de la serpiente el que llegó, no le tuve miedo y me dio un mensaje, luego llegaron los venados, los conejos, los alacranes, las hormigas y tuve comunicación con ellos. En la noche vi las estrellas, me mandaban mensajes con sus luces y las nubes formaban figuras..” Puede dar su interpretación de lo vivido, puede hablar todo lo que quiera.

Ya tiene su misión, su comunicación con el creador, con las fuerzas cósmicas.

Abuelo Tlakaelel (Francisco Jimenez) – Nahui Mitl (Las Cuatro Flechas)

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Baptiste Le Bras © 2020 Le Sentier de la Sagesse Ancestrale - Chambéry, Savoie

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